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“No era un problema de vista, sino de visión”

Mi nombre es B. D., tengo una hija de 12 años, C. R., cuando llegamos a la consulta de Sonia de Andrés Pastor, C. tenía 11 años.

Escribo esta carta para dar testimonio de lo maravilloso y reconfortante que fue encontrar desde el primer día, un diagnóstico que encajara y pudiera solucionar lo que desde hacía años observaba en C.

Los síntomas que C. presentaba desde hacía unos 3 años eran continuos dolores de cabeza que se iban agonizando y se presentaban sobre todo en las horas académicas y según avanzaba el curso, diariamente C. salía con dolor de cabeza del colegio, y la estuve llevando al oftalmólogo todo ese tiempo, no detectaban nada en la vista de C (ahora entiendo porqué no era un problema de vista, sino de visión). 

También observábamos en ella que cuando leía, a veces, giraba la cabeza hacia el lado izquierdo.

“Las notas no se correspondían con el esfuerzo realizado”

Además, en el colegio, aunque era una niña con una buena disposición a querer aprender y hacer las tareas, las notas no se correspondían con el esfuerzo realizado, cosa que afortunadamente tanto sus profesores como yo supimos ver, y creer (aunque erróneamente) que era, quizá, un problema de maduración.

Sobre todo, presentaba bastante dificultad a la hora de comprender los problemas en el área de las matemáticas, y se notaba siempre un esfuerzo enorme y sufrimiento cuando tenía que resolver, comprender o memorizar conceptos.

Cuando se ponía a hacer las tareas o leer, enseguida tenía que dejarlo, pues la atención se dispersaba con bastante facilidad, a pesar del esfuerzo que se veía en ella, constante, de intentar mantener la atención.

Otro síntoma que observé, aunque muy sutil, era que ante cualquier reto nuevo o situación nueva siempre había en ella mucha duda, inseguridad y “miedo” a pesar de recibir de nuestra parte mensajes de capacidad y autoestima.

Siempre iba como un pasito por detrás de la evolución media, aunque luego consiguiera los objetivos, siempre con mucho esfuerzo.

En clase, los profesores observaban como perdía la atención y le costaba comprender y asimilar, aunque ponía mucho de su parte.

Cuando llegamos a la consulta de Sonia de Andrés Pastor y le expliqué lo que observaba, fue encontrar “agua para un sediento” al explicarme lo que era posible que le pasara a C. ¡sus ojos no habían aprendido a trabajar juntos! No había tenido las suficientes experiencias en su desarrollo para que esto fuera posible y tuviera uno adecuado en su visión.

Su cerebro, en vez de “anular, uno de sus ojos” y “hacer un ojo vago” como lo conocemos comunmente, trabajaba y trabajaba para conseguir tener una imagen y no dos (estrabismo intermitente) con lo cual todo su esfuerzo estaba dirigido a esta función, anulando así mucha información, información que su cerebro simplemente no recogía.

C. estaba viendo “como en un túnel”, Sonia nos explicó todas las pruebas y lo primero que se realizó con C. fue el tratamiento de terapia visual pasiva.

Quiero dar testimonio de lo maravilloso que fue para mi esa primera consulta, en la que todo lo que me explicaba Sonia encajaba y tenía sentido con lo que le ocurría a C. Su trato, profesionalidad y empatía, y ver y comprender desde el primer instante que podíamos trabajarlo, gracias a la terapia visual, que tenía solución y que iba a poder desarrollar adecuadamente su visión, con su trabajo y la terapia.

 

Dar testimonio de cómo, en menos de un mes de tratamiento con la terapia visual pasiva, C. un día me dijo: “Mami, veo más por los lados”.

También le prescribió unas gafas con unas lentes que la quitaron los dolores de cabeza absolutamente y así sigue 1 año después.

Continuamos el tratamiento, terapia visual, con ejercicios semanales guiados por Sonia y realizados por C. diariamente en casa. En poco tiempo empezamos a ver los cambios, los dolores de cabeza desaparecieron, C. notaba su visión mucho más amplia y cómo se enteraba de más cosas y le llegaba más información de su entorno, mucha más seguridad, menos esfuerzo para realizar las tareas académicas, menos sufrimiento, más ganas, mejores resultados, poco a poco, en sus notas y su estado en general.

Iniciamos la terapia en septiembre de 2017, justo al comenzar su curso de 1ºESO, ese trimestre C. suspendió 6 asignaturas, en el 2º trimestre las recuperó y le suspendieron 2 de dicho trimestre. En el 3º, aprobó todas las asignaturas excepto tecnología, cuyo contenido son conceptos de volumen y espacio en los que todavía están trabajando con C. a día de hoy.

El objetivo más importante para C., ya que Sonia le pidió que se marcara unos objetivos, era no repetir curso, pudo conseguirlo gracias a la terapia visual y su buen trabajo y el diagnóstico llevado a cabo por Sonia y su equipo.

Mi objetivo, verla feliz, tranquila, segura y llevando a cabo su vida sin sufrimiento y tanto esfuerzo, conseguido también.C. ha ganado notablemente en autoestima, autonomía y seguridad, además de no sufrir esos continuos dolores de cabeza.
Solo me queda agradecer la labor de los optometristas que llevan a cabo estos tratamientos y terapias visuales, en particular a Sonia de Andrés Pastor.
No es fácil diagnosticar los problemas de visión y pueden condicionar totalmente el desarrollo y las experiencias en la vida de una persona a todos los niveles: emocional, personal, psicológico…etc.

Eternamente agradecida:

B. D.

30 – Septiembre – 2018

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